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RAREZAS DE BIBLIOTECA

Escuchar voces es cosa de todos los días. Lo invisible también. La verdad... ah, bueno.
Eso ya es un poco menos normal.

Los techos de la biblioteca son tan altos que parece no haberlos. 

Si no te fijas bien jurarías que desde arriba se mete un remolino de brisa suave que podría despeinarte.

Pero entonces te esfuerzas entrecerrando los ojos hasta que casi te duelen y divisas allá arriba como unos frescos que nunca parecen ser los mismos.

Se mueven todo el tiempo.

Ahora mismo me parece ver el cuerpo semidesnudo de un hombre señalando el universo.

No veo el universo, huelga decirlo, pero el hombre mira tan azorado que no podría mirar otra cosa menos trascendente.

«Ya me vale» —regaño mientras miro a mi alrededor constatando que nadie me ha escuchado.

Solo pestañeo y la imagen desaparece. 

 

Ahora solo veo la penumbra de la sala con sus lámparas verdes y rectangulares.

Los libros no están la vista y sin embargo yo sé que allí están todos. He oído que también están allí los libros no escritos pero eso sí que no me lo creo.

 

Me gusta esta leyenda absurda. Pica mi curiosidad y despierta una avidez infantil que me divierte.

 

«¿Y si fuera verdad?» —pienso.

 

Pero elijo creer que no me lo creo aunque en realidad no estoy demasiado segura de estarme diciendo la verdad.

Sería una ofensa y también un peligro para mi creer en algo así porque sería como admitir que no hay lugar para lo nuevo y que todo está configurado de antemano.

El paso siguiente sería el suicidio porque ipso facto habría desaparecido para mí el sentido de la vida.

 

Sopla de nuevo una brisa que no me despeina. 

Miro hacia arriba.

Nada.

 

Ahora el fresco está tan fresco que parece la paleta de un pintor que se hubiera enloquecido y hubiera revuelto todos los colores con una mezcla de furia e impotencia.

 

«Puto loco»

 

El techo está pero o no está.

La brisa está pero no está.

 

Miro a mi alrededor y nada se mueve, excepto la sombra de algún estudiante al ralentí que se amplifica sobre la pared mientras va recogiendo sus bártulos para largarse a casa.

Todavía estoy de pie buscando un sitio libre con mis cuadernos apretados contra el pecho.

Me pregunto si será verdad esto que cuentan sobre que aquí habita un sabio que a veces te honra con preguntas sin respuesta.

En realidad detesto estas leyendas estúpidas, pero a fuerza de escucharlas se terminan adueñando de mentes perdidas como la mía. 

A punto de sentarme en el hueco que ha dejado la joven espalda que se aleja, escucho una voz femenina que me habla justo por encima de mi hombro izquierdo.

 

Sabia —dice.

 

Giro la cabeza. 

Un hombre blanco en canas se rasca la nuca, me mira de reojo y tose discretamente.

Hago un repaso somero de mi ingesta de alcohol en la comida.

 

No has bebido —dice la voz por encima de mi hombro — Siéntate ya, que estás dando mal rollo.

 

Ni sé por qué hago caso pero me siento.

Acomodo mis papeles debajo de la lámpara verde y busco un boli en el bolso con ojos desconcertados.

 

«Coño. ¿Por qué las cosas raras siempre me pasan a mi? »

 

 La voz de la mujer no tarda en responderme ahora susurrando en mi otra oreja.

 

— ¿Por qué lo preguntas?  —me dice— ¿Es que acaso a ti te interesa lo predecible?

 

Leer aquí ¨Rarezas de Biblioteca II¨

Pilar Rodríguez-Castillos

Notas encontradas por ahí – Marzo de 2017

 

He venido aquí a hablar de mi libro

Si todo va bien mi novela estará disponible en las librerías a mediados de noviembre.

No te puedo decir nada sobre ella pero si andas por aquí quizás te dé (de vez en cuando) algunas pistas.

Y cuando la bauticemos podrás ser de las VIPS que reciban una invitación para acompañarme en la presentación.

Por cierto…

¿Qué crees que significa toda esta historia?

¡Cuéntamelo aquí debajo en los comentarios! 

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Alison
Alison
1 mes

Intrigante!! Da ganas de seguir leyendo! Me molan mucho éste tipo de rarezas. Sigo con “Rarezas de Biblioteca II”

Arturo daussa
Arturo daussa
2 meses

buen relato

Julia
Julia
2 meses

Me recuerda a un cuento un poco oscuro de una niña con fiebre, que veía el sueño y la realidad a la vez, y no los podía distinguir. El techo de tu biblioteca sí que me gusta!

Licestu
Licestu
2 meses
Responder a  Julia

A que mola? A mi también me gusta mucho. ¡Creo que todos los techos deberían ser así! 😉

Pilar

Ultima edición 1 mes by Licestu