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RAREZAS DE BIBLIOTECA (II)

—¿Por qué las cosas raras siempre me pasan a mi?
—¿Acaso a ti te interesa lo predecible?

Todo en mi cuerpo y también en mi cabeza me dice que no.

Mi alma, cuya supervivencia parece estar en juego en este preciso momento, parece contraerse repitiendo que no a base de una creciente fatiga.

Todo a la chito callando, eso sí.

Porque pienso que si suelto un ¨no¨ tal como lo siento en este momento en medio del silencio blanquecino de esta biblioteca… será lo último que haga justo antes de que me arrastren por la puerta de atrás gritando no estoy loca con la mangas atadas a la espalda.

Miro alrededor sintiéndome entre aviesa y asustada pero solo veo nucas y perfiles inclinados en la penumbra enfrascados en sus cosas.  

¿Lo ves? —me dice la voz—No deberías desperdiciar el tiempo haciéndome preguntas estúpidas.

 

Ahora he girado la cabeza con tanta fuerza intentando pillar a la loca que me habla que estoy segura de haber estado a punto de hacerme un esguince en el cuello yo solita.

Un proyecto de grito se me atasca entre los dientes.

 «¿Joder, dónde estás?»  

 

— Qué estupidez — sonríe la voz — …es obvio que estoy AQUÍ.

 

Estupendo.

Miro debajo de la mesa con disimulo, y luego me levanto un poco, fingiendo buscar nosequé para mirar por encima de la lámpara. Los ojos somnolientos de una joven estudiante asoman por detrás de una montaña de piercings que la pellizcan desde los pies hasta la carótida y desaprueban mis movimientos alzando una ceja aburrida. 

Casi instantáneamente se olvida de mi.

 

— ¿Pero quién cojones eres? —murmuro entre dientes. 

 

Nadie nos mira.

(He pensado ¨nos¨. Esto va a peor).

Nadie me mira.

Menos mal.

 

—Quién soy yo es asunto mío — repone la voz tras unos segundos— Asunto tuyo aquí solo es quién eres tú.

 

«Isinti tiyi iquí sili is quin iris ti… Ésta es totalmente irritante» pienso. 

Pero de pronto no puedo evitar evocar que yo solía pensar en estos términos cuando era más joven e inexperta.

«Son preguntas que se hacen los canijos»… pero yo ahora no tengo tiempo para estas filosofadas.

De hecho ahora no me importa demasiado.

 

Ningún adulto maduro se haría esa pregunta en serio.

Creo.

 

— ¿No? — dice la voz como si hubiera estado siguiendo el hilo de mis pensamientos.

 

Me parece oír el chasquido de un mechero y doy en pensar que ahora ha cruzado la pierna mientras da una calada a un canuto del tamaño de un cordero asado. 

 

Supongo que lo del cordero me viene porque tengo hambre.

Y me estoy volviendo loca. 

Es un hecho. 

Esto no es ni medio normal.

 

También me he dado cuenta de que hable o piense le da lo mismo. Me responde de todos modos. Entonces me pongo en modo ahorro y ahora le respondo en silencio.
 

— ¿Y a ti que te importa? — le pienso ¿Por qué te lo tengo que decir a ti?

La voz da otra calada, creo. Bueno, estoy casi segura.

Miro otra vez a mi alrededor y de pronto parece acercarse tanto a mi oreja que se me ponen de punta todos los pelos del cuerpo.

Miro hacia arriba porque ya no me queda donde mirar y en este momento el fresco parece un frágil cristal que me deja ver el cielo.

 

No sé a quién más se lo vas a decir. Aquí estamos solas tú y yo.

—Lo que yo había escuchado por ahí era que en esta sala había un sabio que tenía respuestas para todo…

—Ya. Como Siri ¿no?… ´amo ´enga ya.

 

Carraspea y algo cruje. Quizás ha apoyado la espalda en su sillón.

Y ha revoleado los ojos. 

Al menos es lo que yo haría si una visita impertinente me hiciera tantos comentarios predecibles.

 

—La gente siempre habla sin pensar me suelta desganada.

 

Eso no se lo puedo discutir pero me callo porque no pienso alimentar sus ínfulas de grandeza.

 

La brisa inexistente amenaza con despeinarme el flequillo mientras escucho unos pasos sigilosos. 

En realidad mi flequillo ni se mueve.

Estiro el cuello para otear la sala y hay un silencio como de misa.

 

Entonces una voz profunda, solemne y cercana (esta vez masculina) me sorprende susurrándome en la otra oreja. 

 

—Tú ni caso… —suena bastante amable Pierde la paciencia con una facilidad pasmosa.

 

A mi oído izquierdo llega el eco de una carcajada histriónica y el click clack de los pasos de una mujer impaciente que se aleja.

  

(Continuará…) 

Pilar Rodríguez-Castillos

Notas encontradas por ahí – Marzo de 2017

 

He venido aquí a hablar de mi libro

Si todo va bien mi novela estará disponible en las librerías a mediados de noviembre.

No te puedo decir nada sobre ella pero si andas por aquí quizás te dé (de vez en cuando) algunas pistas.

Y cuando la bauticemos podrás ser de las VIPS que reciban una invitación para acompañarme en la presentación.

Por cierto…

¿Qué crees que significa toda esta historia?

¡Cuéntamelo aquí debajo en los comentarios! 

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Alison
Alison
1 mes

Sigo totalmente intrigada! Me gusta mucho por donde vas con ése dialogo interior, con esas voces al oído, una femenina y luego otra masculina.
Esperando con ganas al siguiente relato…

Rosa
Rosa
2 meses

Me encanta !!
La voz de la sabiduría ancestral….
Quiero más

Licestu
Licestu
2 meses
Responder a  Rosa

Hola Rosa!

Ya pronto habrá más, claro!
Me alegra que te guste!

Un abrazo

Pilar

María
María
2 meses

No tengo la menor idea, ni quiero adivinarlo…. prefiero seguir tus intrigas que me tienen de lo más atrapada! Escribes GENIAL!!!!

Licestu
Licestu
2 meses
Responder a  María

Hola María

Me alegra que te guste.
A ver si en la próxima entrega todavía te quedas atrapada.

Abrazo!

Pilar

Julia
Julia
2 meses

Parece una reunión de cumpleaños de algún ancestro. O como una “comida de Navidad” en la que han decidido reunirse en tu casa y ahora van a repasarte entre todxs..